Empieza por el entorno. Baja la intensidad de las luces antes de acostarte, mantén la habitación a una temperatura agradable y lleva un antifaz para bloquear esa luz que siempre encuentra cómo colarse entre las cortinas. Si eres sensible al ruido, unos tapones también pueden hacer maravillas.
Después, recupera algo de tu rutina. Una ducha, unas páginas de un libro o la música que escuchas antes de dormir pueden decirle al cuerpo que el día terminó.
Y si el equipaje lo permite, guarda un pequeño pedazo de casa: una almohada, una manta, un peluche o cualquier objeto familiar que te haga sentir cómodo. No importa demasiado qué sea; importa lo que significa para ti.