El interés por los insectos comestibles no es casual: sustentabilidad y nutrición al extremo. Mientras que la ganadería convencional requiere 15,000 litros de agua para producir un kilo de carne, se necesitan solamente tres litros para producir un kilo de proteína de grillos. Además, los insectos generan una huella de carbono mínima y utilizan mucho menos espacio, lo que los convierte en el alimento ideal para un planeta con recursos limitados.
Nutricionalmente, los insectos son imbatibles. El polvo de grillo, por ejemplo, puede contener hasta un 65% de proteína, concentración que supera por mucho a la carne de res. También aporta todos los aminoácidos esenciales, hierro, calcio y grasas saludables como el Omega 3.